por MatÃas MartÃnez
Quienes seguimos el dÃa a dÃa de la polÃtica colonense nos vimos sorprendidos con el dinamismo que ésta fue tomando durante el último mes. Y es que los que desarrollamos nuestras vidas en esta ciudad -que no quiere dejar de ser pueblo- estamos acostumbrado una polÃtica bastante chata, en la que "la rosca" se circunscribe a determinados ámbitos. Esta realidad se habÃa aplanado aún más desde que el vecinalista José Luis Walser ganó las elecciones de 2019; con el peronismo sumido en una disputa interna por ver quién se queda con los escombros para empezar la reconstrucción y, por el otro lado, un frente gobernante que hasta ahora habÃa sido reacio a entrar en la disputa polÃtica a la vez que, sin una oposición que le hiciera cara, fue avanzando implacable con su propia agenda.
Sin embargo, algo cambió en las últimas semanas. Fue el propio oficialismo quien repentinamente dio un golpe de timón en sus formas abriéndose varios frentes de conflicto en simultáneo, y hubiera quedado en eso (una disputa polÃtica) si no fuera porque en ese cambio de actitud han adoptado una lÃnea discursiva demasiado irresponsable y peligrosa para alguien que tiene una ciudad que gobernar.
Qué llevó al frente Todos por Colón a hacer un giro de 180 grados en su impronta es lo que vamos a tratar de desmenuzar en las próximas lÃneas.
- El discurso de la suficiencia
Ya en una nota anterior que Yo Opino accedió amablemente a publicar, hicimos un breve repaso del ascenso de Walser y la conformación del frente electoral que lo llevó a la intendencia. Resumidamente, diremos que el Frente Todos por Colón se constituyó como una alianza en la que confluyeron el partido Vecinalismo Colonense, una parte de la UCR local, algunos sectores afines al PRO, algunas iglesias, instituciones intermedias y buena parte del sector turÃstico-comercial. La coyuntura de ese momento, marcada por un desgaste irremontable de la gestión anterior, afianzó la formación de este frente de varios sectores abiertamente antiperonistas y algunos que, otrora cercanos al gobierno de Rebord, habÃan tomado distancia. Por primera vez en décadas, un frente integrado por diversos sectores conservadores habÃa puesto fin a la hegemonÃa del peronismo y, tal vez, el mayor mérito del vecinalismo fue haber logrado ser la cabeza de ese armado.
Lo demás es historia conocida. Walser y su equipo proyectaron una campaña en la que en ningún momento aceptaron debatir con las demás fuerzas, empleando siempre un discurso simple, vacÃo pero seductor, en el que se invitaba a los vecinos a "ser parte" de la novedad.
Frases como "Colón decidió que eso ya no va más", "la gente eligió otra cosa", "los vecinos le dijeron basta a esta forma de hacer polÃtica", "eso es parte del pasado", se volvieron habituales en el discurso oficial siendo pronunciadas siempre desde la suficiencia, como pretendiendo estar por encima de cualquier debate. Y ese "manual de estilo" fue respetado a rajatabla por todos los integrantes del gobierno durante al menos un año.
- Cuestión de imagen
Walser asumió la intendencia habiendo ganado las elecciones 2019 con un buen margen y, como pasa con cualquier nuevo gobierno, su "imagen positiva" fue trepando aún más en los primeros meses de gestión, superando el 60% en su mejor momento.
Es entendible que, con semejante aval, el intendente y su equipo pretendieran mantener todo en su lugar. "Equipo que gana no se toca", dicen los futboleros. Antes que entrar en un debate y perderlo, o salir victorioso pero embarrado, mejor tirar una frase como "Los vecinos dijeron que ya no quieren esa forma de hacer polÃtica" y seguir impoluto. AsÃ, en vez de darle entidad a una oposición destartalada, prefirieron simplemente ignorarlos.
Sin embargo, esa "luna de miel" se fue agotando. Es lógico, un gobierno que a casi un año y medio de gestión no puede presumir un logro significativo, una medida trascendente, o siquiera el anuncio de alguna gran obra a futuro, comienza a ser cuestionado. Entonces, no sorprendió demasiado que en los últimos sondeos la imagen del gobierno municipal habÃa caÃdo más de veinte puntos. Y eso Walser lo sabe. Su gabinete gobierna con un ojo puesto en las encuestas y que basa su comunicación totalmente en las redes sociales, está bien al tanto de lo que se dice de ellos.
- Apuntalando un "núcleo duro"
Dijimos más arriba que el frente Todos por Colón se constituyó como una alianza de distintos sectores polÃticamente conservadores; también que logró desplazar al peronismo histórico de Colón y que, una vez en el gobierno, evitó entrar en la disputa polÃtica esquivando cada debate con un discurso de suficiencia. También mencionamos que tuvo una breve luna de miel en la que contó con un Ãndice de aprobación enorme, que se fue diluyendo progresivamente a lo largo del año pasado. Y a esto último es a lo que querÃa llegar.
Se pueden enumerar los motivos que llevaron al gobierno municipal a perder el apoyo de la comunidad, pero eso quedará pendiente para otra nota. Lo que aquà interesa es plantear que, descartada la posibilidad de constituirse como un frente transversal y mayoritario, el vecinalismo busca ganar identidad afianzando su perfil más conservador. Para ello en el último tiempo fue adoptando una lÃnea cada vez más confrontativo, pero eligiendo cuidadosamente cada una de las batallas.
Primero fue contra el bloque peronista. En su discurso de apertura, Walser criticó con dureza al gobierno anterior por la herencia recibida (algo curioso si consideramos que ya habÃa pasado más de un año desde el traspaso de autoridades). Hubiera quedado como una lÃnea más del discurso, de no ser por la escalada que generó luego, cuando el pedido de explicaciones por parte de los concejales justicialistas tuvo como respuesta una dura intervención de la concejal Elena Acosta. La edil acusó a los funcionarios de la gestión anterior de enriquecerse ilegÃtimamente, lo que derivó en una catarata de cartas documento en su contra. De nuevo, el oficialismo subió la apuesta y presentó una denuncia penal contra la gestión anterior por supuesta malversación de fondos públicos.
Pero ese no fue el único conflicto encarado por el "walserismo". Para nada. En medio de eso también presentó, casi a modo de exigencia, un par de escritos al gobernador Bordet para que interceda ante CancillerÃa con el fin de lograr la apertura del Puente Internacional. Cualquiera puede notar que se trata de un pedido intrascendente, ya que ni el gobernador de Entre RÃos ni el intendente de una ciudad pequeña tienen injerencia alguna en la polÃtica exterior, menos aún en un contexto de pandemia.
Walser no se conformó con esos frentes y también cargó duro contra los trabajadores municipales. En el lapso de un mes, los empleados de la comuna recibieron las noticias de que el aumento propuesto en paritarias iba a ser sólo del 15% (muy por debajo de la inflación); que algunos contratos próximos a vencer no serÃan renovados y peor aún, que haciendo una interpretación burda y tendenciosa del Decreto Presidencial del ASPO se les descontarÃa el presentismo a los trabajadores de grupos de riesgo que no asistieran a sus lugares de trabajo. También modificaron los horarios nocturnos, perjudicando a algunos empleados que realizaban otras actividades una vez terminado su turno. Si bien todas estas medidas se presentaron como aisladas e independientes una de otra, está claro que hay algo de saña contra el trabajador municipal.
En los últimos dÃas esta actitud confrontativa del gobierno municipal tomó un matiz realmente peligroso. Ya hace unos meses, el bloque de concejales oficialistas habÃa intentado erigirse como el vocero de los "papis preocupados" que reclamaban la vuelta a la presencialidad en las escuelas. La apuesta era segura: el concejo deliberante no tiene injerencia en cuestiones educativas, y pasara lo que pasara, iban a quedar como dirigentes empáticos que se pusieron al frente de una demanda ciudadana.
Sorprendió a muchos que, otra vez, el vecinalismo subiera la apuesta y presentara al gobernador una nota reclamando por la vuelta a la presencialidad absoluta a las aulas, eliminando la modalidad mixta y las "burbujas". El escrito, cargado de falacias y omisiones, no iba a llegar a ningún lado ya, pero tampoco era ese su objetivo.
La apoteosis de todo este discurso belicoso tuvo lugar la semana pasada. En una actitud por demás irresponsable, dado el contexto actual de la pandemia, el intendente eligió confrontar con la directora del Hospital San BenjamÃn, embarrando la cancha al poner en dudas las cifras oficiales sobre los contagios de Covid-19 en Colón y manifestando sorpresa porque el departamento sea considerado "zona de alto riesgo epidemiológico", aunque las estadÃsticas demuestran claramente que sà lo es. En un escrito entregado a la ministra, el municipio hizo hincapié en el perjuicio económico que representó para la ciudad esa categorización de cara al fin de semana turÃstico de Semana Santa, contradiciéndose a sà mismo dos dÃas después, al publicar que la ocupación hotelera habÃa sido del 99,5%.
Si llegaron con la lectura hasta acá, habrán notado que el verdadero destinatario de cada mensaje no es el oponente de turno. Cuando Walser y su gente ataca a los peronistas locales, o al gobernador, o cuando toma medidas contra los trabajadores municipales, o cuando elige confrontar con los sindicatos docentes, no les está hablando a ellos en realidad. En todos los casos, le hablan a su propio público. Le está diciendo a los votantes que aún le quedan, a los más conservadores, al sector turÃstico y al comercial, que él va a representarlos. Y que en ese rol no va a tener escrúpulos ni medias tintas. Ni siquiera ante una pandemia global.
#YoOpino