Los chicos y la historia de la basura - Yo Opino

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domingo, 3 de septiembre de 2017

Los chicos y la historia de la basura

En la década del '90, la Comisión Organizadora de la Fiesta Nacional de la Artesanía, de esa categoría desde 1986, buscaba un predio donde poder organizar el evento anual que congregaba multitud de artesanos y público en general y consigue un terreno de casi 10 hectáreas, de cota 19, por la suma de $ 4.500 por todo concepto, incluyendo comisiones y demás gastos. La idea era tener un complejo único, para llevar a cabo en él la Fiesta en febrero y el resto del año utilizarlo en actividades deportivas, sociales y como centro cultural. Nada pudo hacerse por no contar con la autorización del Concejo Deliberante. El 9/2/2012 aparece un decreto mediante el cual debía cerrarse el basurero de la concesión 331 -por sentencia judicial- y al no tener un espacio para el depósito de residuos, que se decide  afectar el inmueble identificado  Partida Provincial 50.133, Plano de Mensura 8.391, Sec 102, Gru 39,  para ser utilizado como depósito de relleno controlado de residuos sólidos urbanos de la ciudad, delimitado por las calles Río Iguazú, Rufino Mir, Evita y Las Piedras Sur.  Si, exacto... el terreno comprado originalmente para el predio. 

La utilización comenzó siendo un relleno controlado, como debía ser. Debido a ciertos cuestionamientos sobre la seguridad del predio, la directora a cargo fue separada de su puesto y queda como Director de Medio Ambiente Gaspar Rebord, Enfermero de profesión, hermano del intendente. Su desconocimiento y falta de capacitación marcó lo que es hoy el basural a cielo abierto, sin una sola medida de seguridad, y volcando los lixiviados al Arroyo La Leche para ser transportados al río Uruguay. 

No solamente es la contaminación lo que preocupa (a la ciudadanía, claro) sino que el tan famoso basural está pegado al Barrio San Francisco, y se puede acceder a él sólo cruzando la calle. Por ese motivo, es común que los chicos jueguen en él, hagan competencia para ver quien caza la rata más grande y corran riesgos de vida entre todo el desperdicio sin control. Entonces es cuando aparecen las preguntas inevitables: ¿qué están haciendo los políticos locales para evitar esto? Se amparan en el proyecto GIRSU que de acuerdo a lo que hemos podido averiguar, en nuestra ciudad sólo es eso: un proyecto. Y solamente de “factibilidad” por lo tanto hasta el momento ni siquiera está aprobado. Mientras tanto, los chicos siguen revolviendo bolsas, comiendo lo que encuentran, jugando con el riesgo latente de cualquier alimaña, corriendo a la par de sus amigos entre toneladas de peligros. Pero claro, quienes deben solucionarlo  no se preocupan demasiado. Nadie parece ver las cosas.  A lo mejor en algún momento los políticos se den cuenta de esto, y hagan las cosas de forma tal que valga la pena vivir en cualquier sector de la ciudad autodenominada “capital del turismo entrerriano”.

Lucas M. Beber
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